Con un parche en el ojo izquierdo, cuya visión permanece seriamente dañada después de la gravísima cornada que sufrió en Zaragoza, y elegantemente vestido, el torero ha anunciado su reaparición. Será el 4 de marzo y el escenario elegido, Olivenza.
“Juan José se encuentra bien físicamente y está muy ilusionado”, explica Óscar Padilla, hermano del torero, quien explica que quieren plantear una temporada “cortita”, de “unas veinticinco corridas”.
“No es que no esté al cien por cien pero queremos que sea una temporada para disfrutarla y para eso se van a elegir con mucho cuidado los sitios en los que se va a torear”, comenta.
“Queremos estar en los sitios importantes pero todavía no hay nada cerrado”, comenta el banderillero, y respecto al caso de Valencia, indica que el torero “está ilusionado y ha habido conversaciones, pero por los problemas que está teniendo la empresa, no hay nada claro”.
“Va a torear sin visión en un ojo y operado del oído”, subraya Óscar y destaca que Padilla es “pura fuerza física y mental y que ha asumido el riesgo”. Respecto al ganado, comenta que el torero ya ha matado “lo más duro” y que ahora quieren “que disfrute, que le embistan más toros y que el esfuerzo que ha hecho para reaparecer se vea recompensado”. “Ha estado tentando todos los días, vuelve porque cree que está preparado”, asegura.
#Fuerzapadilla
Desde aquel fátidico momento en el que Zaragoza enmudeció, conmocionada, miles de almas partidas, como la cara del torero, rezaban credos en caliente, desde las tripas, por un dios de carne y oro que escribía su nombre con sangre sobre el albero. Silencio que duele, lágrimas de torería por el rostro de Miguel Abellán, mientras en un quirófano cosían los pedazos del alma de todos los aficionados.
El mundo del toro es una familia, no siempre bien avenida, pero unida en los malos momentos; y esa noche, twitter se convirtió en una improvisada capilla en la que miles de personas iniciaron su particular vigilia al grito de #fuerzapadilla, tratando de borrar el frío del quirófano con abrazos y de arropar a quienes esperaban, con un nudo en la garganta, el milagro de la vida, de la fortaleza de un ciclón en la sala de espera de un hospital.
“A él lo ha movido el calor del público”, señala Óscar. “Padilla ha contestado a todos los correos y a las cartas que le han llegado a su casa, eso le ha dado fuerzas en los peores momentos y ha sido un puntal muy importante para que él se haya recuperado”.
“Juan José es muy fuerte, y siempre, desde el principio, él dijo que iba a reaparecer porque el toro es su vida”, cuenta el banderillero. Y su recuperación “ha sido fantástica, ha ido todo muy rápido”. Y es que en tan solo 5 meses- los mismos que estará lesionado David Villa- ha logrado lo que muchos consideraban imposible, para venir a demostrar, una vez más, que los toreros están hechos de otra pasta. Héroes transmutados en un cuerpo frágil, cosido a puntadas, que se les queda pequeño para tanta grandeza.
“Hemos sufrido mucho, y no toda la familia está de acuerdo con la reaparición, pero la última palabra es suya, es su decisión y tenemos que respetarla”, resalta Óscar, el hermano; porque como torero, entiende ese veneno que te corroe por dentro, que te da la vida y te la puede quitar. Ese ansia por vestirse de luces, por pisar el albero, por vaciarse en cada muletazo y volverse a encontrar en la soledad del hotel en cada madrugada.
Marta Raga
